Relato Realista
Sueño con que algún día seamos todos iguales
En una pequeña localidad de Barcelona llamada
Colmar, vivía Mar.Ella
convivía con su madre, su hermana y sus dos abuelos, pese a que sus padres
estaban separados.
Mar tenía 7 años y odiaba el invierno; más
bien dicho todo lo que estaba relacionado con el frío que estaba pasando en
Colmar.
Todas las mañanas Mar y su hermana Rocío eran
despertadas por su madre a las ocho; pues tenían que ir al colegio.
Sonia, su madre, se desvivía por ellas, a
pesar de que tenía un restaurante que llevar además de sus depresiones.
Sonia se levantaba a las seis y media todos
los días para preparar los desayunos en el restaurante, hacerlo también para
sus hijas, despertarlas,vestirlas,peinarlas,darles el desayuno y llevarlas al
colegio.
Sufría depresiones por todos los agobios que
tenía, debido a que solo era ella la que estaba pendiente de todo después de
separarse.
Varias veces había tenido que ausentarse por
un tiempo al hospital y dejar a las niñas con sus hermanos y con su padre.
Mar era dulce, guapa; con unos rizos y unos
ojos intensos, que no quería más que parecerse a su hermana Rocío, pues esta
tenía 11 años y ella no paraba de imitarla en todo, de seguirla por todas
partes y de soñar en ser como su hermana mayor.
Mar parecía una chica dura como una roca,
bruta; pero en realidad era muy sensible. Su madre, al verla muy fuerte, no le
prestaba mucha atención, pero lo que no sabía es que Mar estaba pasando un
auténtico infierno en su interior.
Mar estuvo un tiempo en el que no quería ir
al colegio, lloraba desesperada, pero nadie sabía el porqué y Sonia la obligaba
a ir.
Lo que ella no sabía era que nada más entrar
al colegio, a Mar la llamaban bola, gorda, asquerosa, fea… debido a su
condición física. Mar hacía como que no le importaba; pero por dentro estaba destrozada,
llena de furia, desolada,frustrada debido a que nadie la ayudaba ni la
entendía; pero ella sonreía y hacía como si no pasara nada.
Cuando llegaban los recreos y la empujaban y
tiraban, los profesores hacían como si no pasara nada, y cuando Mar iba a
decirlres que la estaban molestando, ellos la contestaban: -“Mar son cosas
vuestras y tenéis que solucionarlas vosotros solos” y ella se daba la vuelta,
llorando en su interior y se marchaba.
Esto se repetía todos los días y Mar debido a
su ansiedad comía cada vez más.
Sonia no tenía tiempo para escucharla pero si
para oír las críticas de los profesores hacia Mar : “Deberías llevarla a un
psicólogo, está demasiado rellenita para la edad que tiene” o “Ponla a dieta y
se le quitará el ansia por la comida”.
Mar estaba enfadada con todo el mundo, con
ella misma,con la sociedad,con su vida… Su vida era un auténtico infierno.
Ella notaba como todo el mundo la observaba
como un “bicho raro”, todas la saludaban pero luego escuchaba a las madres de
sus compañeros decir: “Pero mírala qué gorda está, que vergüenza sería tener
una hija así”.
Mar no se molestaba en mirar atrás y se
marchaba.Pero lo peor venía cuando su madre la obligaba a ir a jugar al parque
con los demás.
Ella quería quedarse siempre con su tía
jugando, ya que ella no la miraba de ninguna forma ni le decía nada. Cuando se
iba con los otros niños, el juego era que “la bola los pillara”; era muy
divertido para todos excepto para Mar. Y después de que hicieran correr a Mar
hasta no poder más la echaban del grupo y la insultaban hasta que ella se iba.
Por eso quería ser como su hermana: todo el mundo jugaba con ella, no la
insultaban ni se reían de ella.
Una de las cosas que hacían realmente feliz a
Mar era maquillar, adoraba el maquillaje y con eso se olvidaba de la vida que
tenía, ya que podía disfrazarse o intentar ser otra persona que verdaderamente
no era, con la ilusión de cambiar su vida.
Además, al llegar a casa volvían las peleas y
discusiones con sus abuelos : -“Mar no toques eso que es de Rocío”, “Estate
quieta”, “No seas pesada”… cuando verdaderamente Mar solo quería pasar un rato
con sus abuelos.
Me hubiera gustado pensar en un final feliz,
pero en la sociedad de Mar, en la de Rocío, en la de todo el mundo reinaba la
hipocresía y los estereotipos.
La sociedad era la reina de la gente delgada,
que seguía a la moda y determinados cánones.
Y eso pasaba en Colmar, un pueblo
medianamente humilde, de gente trabajadora, con construcciones normales;
exceptuando algún “ricachón” al que le gustaba mostrar su gran poder
adquisitivo;con una naturaleza tan
preciosa llena de ríos, cascadas, animales, árboles…
Pero aún así a los habitantes no les gustaba
salir de los estereotipos de la sociedad. Era como si una persona gorda fuera
menos guapa, menos persona, menos bella… pero lo que esa gente no sabía era que
contribuían a una sociedad cada vez más llena de hipócritas, estereotipos y una
sociedad en la que todo el mundo fuera idéntico.
Al fin y al cabo parecía que no podía haber
diversidad; todo el mundo debía hacer lo mismo: si, a un chico le gustaba el
ballet, no podía ir porque era de niñas,; si a una niña la fascinaban los
videojuegos o, los coches, le cortaban las alas porque era de chicos.
Y entonces Mar creció y, se dedicó a escribir todo lo que había
pasado y a manifestar su desprecio hacia la sociedad, y a demostrar que ella
también tenía voz y derecho a manifestarse.
Estudió psicología, para defender y apoyar a
esos niños que sufrían como sufrió ella, para que no tuvieran que pasar por ese
mismo infierno.
Toda su vida se dedicó a preguntar a las
madres de sus compañeros qué hubiera pasado si en vez de ella hubieran sido sus
hijos “los perfectos” los gordos, si los hubieran encerrado, o maltratado como
animales… porque así se habían portado con ella.
Mar se encargó de que la sociedad fuera
adquiriendo un poco de paz, como su corazón, y escribía artículos en los que
apoyaba y defendía la importancia de la diversidad y de que cada uno fuera
diferente y tuviera una determinada personalidad, y sobre todo, que fuera él
mismo.
Mar actualmente vive feliz y ayuda a
diversidad de personas.
Mar nos mandó un mensaje hace poco:
-Este es un claro ejemplo de la sociedad en
la que vivimos, y que, como nos quedemos
de manos cruzadas, avanzará, pero a peor y no tú, pero… ¿Y si a tus hijos les
pasara lo mismo que a mí?
Irene M
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